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LA NAVIDAD Y LA REVOLUCIÓN

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Marcela Vera

Quienes vivieron en la Rumania Socialista se acordarán que en ese entonces, en ese lugar nunca oyeron la tradicional frase “Felíz Navidad”. En los medios de comunicación y en la calle no se oían palabras como “fiestas santas, “reyes magos”, o ”viejo pascuero”. De hecho, no había viejo pascuero. Oficialmente estaba remplazado por el “Viejo de los Hielos”, un viejo barbudo de gorro tipo mongoliano y abrigo de pieles blancas o azules exportado por la Unión Soviética a todos los países socialistas del Este, y que venía de un desconocido Reino de los hielos eternos a repartir los regalos el 31 de diciembre. Lo que se celebraba era el Año Nuevo, no el nacimiento de Jesús.

Sin embargo, se toleró la celebración del árbol de navidad (llamado “árbol de invierno”), un rito pagano-religioso que quedó reducido a un mero entretenimiento en torno a un adorno. Pero en la cultura popular, quien traía el árbol de navidad era el tradicional viejo pascuero, el que representaba a San Nicolás, quien fue obispo y uno de los fundadores de la iglesia cristiana ortodoxa. Junto con el árbol traía los regalos para los niños el día de su santo, el 6 de diciembre. Durante la época comunista mucha gente intercambiaba los regalos en esta fecha para callado, y no el 31 de diciembre, como se hacía oficialmente. Tambien para navidad, que según la tradición ortodoxa se celebra durante tres días, entre el 25 y el 27 de diciembre.

Algunas tradiciones de navidad, como “La Estrella”, no se practicaban y nisiquiera se nombraban, ya que tenían una relación directa con el nacimiento de Jesús. Sin embargo, habiendo quedado relacionadas únicamente con el Año Nuevo, aún se practicaban algunas entretenidas costumbres como el Plugusor y la Sorcova, con cánticos cargados de deseos de prosperidad y larga vida. Aunque en la oficialidad, muy a menudo los cánticos eran dedicados a los “valientes líderes” y al Partido.

La madrugada del 25 de diciembre de 1968 en Bucarest, alrededor de 2.000 estudiantes transformaron un “colind” (celebración religiosa de navidad que consiste en rondar por distintos lugares cantando villancicos) en una manifestación política. Quien iba a la cabeza era una estudiante de periodismo de 27 años, Ana Sincai. Ese día, llegando al hogar de estudiantes donde vivía, se encontró en la entrada con un grupo de chicas que cantaban villancicos de navidad, y partió con ellas caminando y cantando hacia el centro de la ciudad.

Durante el camino se fue adhiriendo más gente, y al pasar por la embajada de Checoslovaquia los cantos se alzaron aún más fuerte, mezclándose con consignas de carácter político. La columna de gente siguió caminando hacia el centro, con la idea de llegar al palacio de Ceausescu. En un rato aparecieron los hombres de la Securitate a disolver el grupo y a arrestarlos. Ana Sincai también fue arrestada, pasó el Año Nuevo en prisión y más tarde fue internada en una clínica psiquiátrica. Ceausescu dijo que sólo a una persona loca se le ocurría hacer algo así. Quien era Ministro de la Juventud por esos días, era Ion Iliescu (Presidente de Rumania después de la caída de Ceausescu), y a causa de este incidente perdió su puesto.

Pero no sólo la gente en general celebraba la navidad para callado. Tambien lo hacía la familia Ceausescu. El ex coronel del Departamento de Seguridad del Estado, Constantin Burlan, cuenta que cada año, el “Sector de Representación” del Partido Comunista estaba encargado de preparar el más delicioso banquete de navidad para “El Líder” y su familia, con todos los platos y exquisiteces de la cocina navideña tradicional, y la infaltable tzuica (aguardiente de ciruela). Se celebraba en el Palacio de la Primavera, y lo justificaban diciendo que todo se hacía por la madre de Elena Ceausescu, quien era del campo y muy apegada a las tradicciones. Quien repartía los regalos era el mismísimo Santa Claus, y no el Viejo de los Hielos.

Despues de la cena, los Ceausescu se iban al Club Bazin con los miembros del Comité Ejecutivo. Allí llegaba el “colind”, el grupo de gente cantando villancicos, ya sea formado por los hijos de la cúpula del Partido, o bien por algún grupo folklórico o del ejército. A veces la formaban los mismos miembros del los altos mandos del Partido, quienes cantaban y dedicaban los villancicos a sus camaradas, según el orden de la jerarquía del Partido y del Estado.

El día anterior a la navidad, Causescu acostumbraba a irse a la montaña a cazar osos con sus camaradas, y lo mismo hacía después de las celebraciones del Año Nuevo. El año 1989 no alcanzó a hacerlo ni antes, ni despues. Fue apresado antes, y fusilado el mismo día de la navidad, el 25 de diciembre. La segunda semana de diciembre, el pueblo se había alzado en su contra en la ciudad de Timisoara, luego de que una misa liderada por un cura de la minoría húngara se transformara en manifestación política. Al mediodía del 22 de diciembre, en Bucarest, Ceausescu tuvo que arrancarse de la masa enfurecida que se avalanchaba en su contra frente al palacio presidencial.

Ese día, muchas personas salieron a las calles con ramas de pinos de las que colgaban manzanas. Este símbolo, que si bien tambien representa el árbol de la vida, o el árbol de navidad, ese día tuvo otro significado. “El día que crezcan manzanas en los pinos” quiere decir “el día de San Blando”, y los rumanos acostumbraban a decir: “Ceausescu se irá cuando crezcan manzanas en los pinos”…

Esa misma tarde, el único diario (que hasta ese entonces había sido del Partido Comunista), el Scinteia, publicó por primera vez en más de 50 años, villancicos de navidad. En primera plana. Suena paradójico, pero tuvo que haber una revolución para que la gente pudiera seguir con sus antiguas tradiciones y costumbres…

Foto: Elena y Zoia Ceausescu celebrando la navidad en su casa
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