el retorno de los hijos del exilio

El libro “El retorno de los hijos del exilio” llena un vacío en el estudio del exilio de argentinos ocurridos a causa del terrorismo de Estado, durante los últimos años del gobierno de Isabel Perón y la dictadura militar que le sucedió.

En este sentido, esta novedad editada por Prometeo, se inserta en un contexto en el que poco se ha escrito sobre el exilio pero menos aún sobre el retorno de los exiliados a su país de origen y sobre sus hijos que, tal como lo enfatizan los autores Roberto Aruj y Estela González, constituyen un subgrupo con una problemática específica, diferente a la de los padres.

Según lo expuesto por los autores en la introducción, “el principal objetivo de este estudio fue indagar sobre la incorporación, asimilación e integración a la sociedad argentina de los hijos de exiliados retornados a partir de 1983, analizando el nivel de integración psicosocial de los exiliados retornados y de sus hijos, con la sociedad receptora”. En este rumbo, se investiga lo que significó el exilio y el retorno “teniendo en cuenta cómo las dictaduras invisibilizaron estos fenómenos dejando, en este sentido, una marca sustantiva en la sociedad argentina”.

En América Latina, y en particular en el Cono Sur, la implementación de la Doctrina de Seguridad Nacional en contra del “enemigo interno”, desarrolló una maquinaria que, instrumentada por las Fuerzas Armadas y los grupos económicos más poderosos de la región, desplegó un conjunto de estrategias que produjo, entre otras cosas, la migración forzada de un sujeto colectivo que buscó fuera de sus países de origen la puerta de escape para evitar esa maquinaria de terror.

Este trabajo propone una serie de interpretaciones en base al estudio de las circunstancias en que vivieron los hijos de exiliados retornados a partir de 1983, indagando sobre el nivel de identificación, adaptación o rechazo en los países de exilio de sus padres y en la Argentina a partir del momento en que retornaron. Así, a estos jóvenes les ha tocado experimentar las vicisitudes de una migración impuesta a un país signado por la herencia de una densa maraña de frustraciones, horror, afectos, algunos buenos recuerdos, y también lazos culturales paternos. Sin duda un bagaje y una experiencia difíciles de procesar.

Y, por cierto, muy distintas de las expectativas que tienen los inmigrantes respecto del país al que se dirigen por propia decisión, o impulsados por la búsqueda de nuevos espacios de integración y desarrollo personal. (Editorial Prometeo)

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